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Tuve un Maestro

en Blog de CECILIA BERENICE DEL TORO MENDEZ

Una vez tuve un maestro que me enseño cosas sobre la ortografía, él decía que la lectura podía ser mi mejor amigo, que ahí podía encontrar formas de expresarme (en sentido literal), formas de imaginar e incluso quizás podía encontrar mi propio yo en un mundo diferente (en sentido figurado). Me compartió el conocimiento como si me lo pudiese heredar, con la misma congruencia y cuidados de quien hereda algo valioso, algo que se quiere que trascienda.

Tuve un maestro que me adelantó a los hechos; cuando tenía 8 años me gustaba sentir que sabía muchas cosas, cosas importantes, y el libro de ciencias Naturales, de “NATU” como le decíamos mis compañeros y yo, era como el libro “prohibido” porque tenía fotos de gente “encuerada” y ahí se leía cómo se forma un bebe en el vientre de una mamá… tan evidente y tan magnánimo, así como un milagro; la cosa que se llama célula que se divide en dos y luego en cuatro y así sucesivamente en múltiplos de 2 hasta llegar a un infinito que forma una persona nueva, ¡wow! ¡era imposible! Pero uno de niño lo asimila todo con obviedad y juicio sin cuestionar los porqués, ni nada de nada. Lo que nadie sabíamos era, ¿por dónde salía del cuerpo de la mamá esta nueva persona?.  Yo sí. Porque yo tuve un maestro que me llamaba “enana” y cuando yo le preguntaba los por qué de todo, me respondía cada pregunta sin titubeos. Mi maestro me decía enana porque: “eres un adulto en un cuerpo de niña”.  Lo decía con tanta gracia que me parecía como un halago, entonces me sentía bien al escucharlo. Pero la realidad es que este maestro mío respetó tanto el proceso de las capacidades emocionales, académicas y cognitivas de una gente, que para él era fácil entenderse con los niños, pues platicó con muchos niños, niños de todas las capacidades, las especiales y las no, niños de todas las edades y de todas las estaturas. Y por eso me decía tal cual eran las cosas:

- ¿Por donde salen los niños del cuerpo de las mamás?

-“Por la vagina”

-  ¿¡¡¡cómo!!!?

-    La vagina tiene la capacidad de hacerse más flexible al momento del parto y se puede abrir hasta 10cm para que él bebe pueda salir…

-  ¿¡duele!?

-  Bueno, eso depende de cada mamá, sí tú quieres, cuando seas grande lo vas a poder saber y me platicas si duele ok?

-  ¿Cómo llegó ahí el bebé?

-    Eso te lo platico cuando estés más grande, dime, ¿como te ha ido con tu amiga Carmen? ¿Siguen siendo amigas?

 Uno podía sentarse a escuchar sus anécdotas largas y el solo timbre de su voz era encantador, (en sentido estricto del adjetivo calificativo) siempre apacible pero fuerte, comunicaba sus intenciones con palabras mágicas, alternadas entre palabras coloquiales, su conversación la hizo fácil para mí, porque había expresión corporal y lingüística, mi condición de enana, lo hacía que se “rebajara” (descripción estricta y geométrica) hacía a mí para que lo pudiera escuchar y mientras hablaba sonreía, parloteaba con mesura y conciencia de mi edad; me enseñó a expresarme en pretérito imperfecto, me ayudó a hacer uso de mi derecho al condicional simple y a pensar siempre en presente y futuro, como una buena forma del uso de la gramática para ser feliz…

Mi maestro era muy joven cuando lo conocí, joven de forma cronológica, pero de configuración externa un poco mayor,  no es que se veía viejo, pero parecía mayor cuando se expresaba, porque sus palabras parecían experimentadas.

Mi maestro me enseñó la matemática que suma entendimiento, que multiplica la lógica y que resta la ignorancia, (si, si, si, la poética patética también), y pues también a desear los dieces y a estudiar por ellos, mi maestro tenía técnicas profesionales para convertir el 5 en 50, en unas cuantas operaciones de multiplicación me ayudó a entender por fin para qué diablos hay que saber irse por el camino corto de la multiplicación en vez del camino largo de la suma… - aaaahhhh! Entonces la división es tomar el camino de vuelta!-. Mi maestro sabía muchas mañas para engañar a los números y hacerlos subir o bajar, doblar o entrar, sin tantos garabatos.

Me tenía mucha paciencia, porque él había estudiado para tener la capacidad de padecer las inquietudes de los niños como yo sin alterarse, había desarrollado la capacidad de hacer cosas minuciosas, la facultad de esperar a que los niños reaccionaran al conocimiento sin desesperase, porque él deseaba mucho eso, que en los niños naciera la inquietud, y además, “Tenía la tolerancia o consentimiento en mengua del honor” (esto último no supe que significa, porque todo este párrafo lo copié del diccionario, busqué en la sección de la letra P, y luego de localizar la palabra “paciencia” y subrayarla,  prosigo con la atención en la lectura del significado y después hago uso de la palabra en la aplicación del concepto al contexto presente, no copié, solo use la definición en mi precepto y contexto, tal cual me lo enseño mi maestro favorito.

 Mi maestro no era digamos, “muy” creyente, pero sentía fidelidad por Dios, no era visitador de los templos, pero oraba igual. Bueno eso creo, porque gracias a la intervención de él, el “niño Dios” venía a casa cada año para dejarnos regalos de Navidad, juguetes y ropa. Él le ayudaba al “niño Dios” a poner el nombre de cada quien, lo sé, porque conocía su letra… Su letra era muy armoniosa, muy estética, muy legible, muy practicada.

Las navidades fueron buenas; por la decoración que él ideaba, las cenas que proponía y las actividades que planeaba, y así,  mis navidades se volvieron una fiesta de adjetivos abundanciales.

De las definiciones de Maestro que están en el diccionario esta es que más me gusta: “Persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura” Bien, pues mi maestro sí que supo exaltar la inquietud de su alumna, y hacerla pensar que puede ser más, siempre más.

En resumen, resumen figurado, mi maestro que se llama Sergio Del Toro, es también es mi hermano, y él fue una persona importante para mí, y quiero decir importante, en “adjetivo superlativo absoluto”

Gracias Sergio. Feliz Día!, digno y reconfortante por todos los años que has practicado la abundancia del ser.

Cecilia.

"Peleando con mi mente"

en Blog de CECILIA BERENICE DEL TORO MENDEZ

Ijole! de que hay gente que ha hecho cosas geniales, las hay! muchos escritores, músicos, artistas y la larga lista de que los que no recuerdo por ahora, pero todos esos que crean cosas, imaginan, plasman, otorgan, etc. todos, todos son geniales, cómo es que llegaron a la vocación? Yo sigo esperando que una voz fuerte, contundente y celestial me diga: “¡Cecilia, tú debes dedicar tu vida a…”, ¿no es así como todos los demás supieron que hacer?

Y entonces tomando de referencia estas personas que hacen y tanto con su vida que son dignas de programas de televisión o películas basadas en sus vidas ejemplares, concluyo que me repetiré a mi misma para forzarme a existir de un forma menos simple, porque en la simplicidad no hay trascendencia, solo mera existencia, y de eso tengo ya bastante práctica, necesito forzarme, salir de mi estado perfecto de calma y forma para trascender, aunque solo sea en la mente de mi misma, finalmente, acudiendo a la filosofía de Matrix, la verdad es solo la verdad de quien la padece, quien la vive, la percepción es una cosa tan personal que solo existe en una mente a la vez.

Así que por este y tantos motivos, me recordaré  cuando despierte, siempre justo al despertar; que hoy es el último día de vida que me resta. Y así seguramente viviré como si lo fuera, y tomaré riesgos y escribiré, para quedarme un poco en la vida aunque sea en forma de pensamiento.

…Y si escribo?

No tengo muchas palabras, solo las del diccionario, algunas son mías, yo las genero, y tampoco tengo buena gramática, solo la que he aprendido en la lectura, ni tampoco tengo buena caligrafía, por eso uso una computadora, si se equivoca ella, pues fue ella, yo no. Lo que si tengo son muchas emociones, muchas ideas y dicen (unas tres personas, tampoco voy a axagerar) que tengo la habilidad de graficar lo que pienso. Nada pues, solo que cuando pienso que quien lea mis cosas me va a juzgar, me detengo un poco para reflexionar si lo escribo o no, no me preocupa la exhibición, me preocupa la percepción, si la idea que retumbó en mi cabeza, retumbará también en la tuya, porque soy compleja, el rojo no es siempre un color ni el cinco es siempre un número para mí. Lo posible no lo es tanto, ni lo malo me hace sentir acongojada, porque a veces soy contraria y extraña, otras no. Y así ando por la vida yendo y pensando, no se decir que he caído porque eso significa expresar un argumento del cómo me levanté y yo ni siquiera sé si ya estoy levantada o todavía caída. No me gustan muchas cosas de la humanidad pero a veces agradezco a Dios por las bondades del ser humano. No me gusta dar disculpas pero a veces las exijo, y con eso soy injusta, aunque yo alego que no soy injusta  que solo me siento segura y asumo las consecuencias de lo que hago y digo. Siempre.

No creo en la palabra jamás y jamás la escribiré. Porque entonces tendré que creer en ella. No sé decir que soy feliz, porque se hace una pausa cuando uno lo menciona, y luego hay que llenar los silencios, si uno no los hace lo hace el receptor y argumenta cosas insignificantes a favor de la  osada expresión de decir que uno es feliz. Y luego quieren los cómos y porqués, y quizás hay muchas respuestas para eso, pero la única que tengo no es satisfactoria nunca; “nomás lo siento”

No me gusta el matrimonio porque las personas elaboran roles complejos, comportamientos lógicos, estructuras inflexibles alrededor de  eso. Casados se nos impiden muchos comportamiento que solteros serían de lo más aceptable, pero si uno es la misma persona en los dos bandos, cual es la diferencia sustancial en esto; el rol, la estructura, un anillo.

No me gustan la expresión: “prueba de vida” que algunas personas dicen tener, cuando algo les sale mal la culpa la tiene Dios pero la gran disculpa se presenta anteponiendo las tres palabras sanadoras: “prueba de Vida” y entonces diciendose eso pueden continuar su camino con un rumbo al fin. Para mí eso es solo una correa que nos arrastra al camino contrario de la responsabilidad por las acciones que tomamos y la inmadurez ante las consecuencias de las decisiones que tomamos antes.

No me gusta la humanidad con tantas preguntas, cuando ya una vez obtiene la respuestas, genera nuevas preguntas y más cada vez y no me refiero a la preguntas científicas, hablo de las que preguntas cuya respuesta siempre es insuficiente; Para qué estamos aquí?

No me gustan la civilización, porque rondamos siempre el mismo “avance”, solo toma otro tiempo y nombres pero damos vueltas en la misma dirección y siempre decimos haber avanzado más que nuestros antepasados: antes no era así… típico.

Yo no quiero escribir para nadie, porque nadie no me cae bien. Nadie no discrimina de forma racional. Si alguien escribe: “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” esto es algo? no tiene sentido, ni nada, imagina que lo lees en una hoja que te encuentras caminando por la calle, es nada. Pero si le dices a nadie que esto lo escribió un famosísimo escritor llamado “Augusto Monterroso” y que es famoso por la narración de cuentos cortos, entonces nadie empieza a darle un significado y crea toda una filosofía a partir de esta frase, la dignifica otorgando los porqués y paraqués, porque usar la mente es sanador para los nadies con hambre de ser alguien. Y solo imagino, quizás el escritor empezaba apenas su siguiente cuento, y había escrito la primera frase cuando tuvo una emergencia médica y hubo que salir corriendo, al mismo tiempo que llegó el representante de la editorial que le contrató a recoger su siguiente obra, llevándose sin percatarse, la hoja donde escribía esta única frase. Y cómo nadie es así, hombres o mujeres que imaginan y crean a partir de nada, dieron a la humanidad uno de los mejores el mejor de los argumentos para la duda existencial… muchas muchas muchas conclusiones se dieron a partir de esta corta frase, y así somos, nadie y todos, porque al hombre le gusta dar respuestas y significados, aunque no lo tenga ninguno. Cuando Augusto fue dado de alta del hospital, recibió muchos telegramas hablándole del magnífico éxito de su nuevo cuento corto y el sin comprender lo comprendió todo; el mejor escritor se hace cuando logra que nadie se sienta que descubrió algo. Y entonces, Nadie culpa al escritor por la grandeza que le otorga a la mente y al pensamiento. Entonces Augusto se conforma y dice que si, que su intención era exactamente lo que resultó, ya que.

Alguien me pagará a mí si escribo: “Escribo para que tu pienses que descubriste algo super genial que solo en tu mente ocurre y que a nadie más se le ocurrirá, por lo tanto eres único e irrepetible, insustituible y perfecto… ya te sientes mejor así?”

Pero y yo con quien peleo pues? Si soy igual que todos o todos son iguales a mí, bueno diré que nomás andaba aquí, expresando lo expresable y pensando lo pensable, este escrito no es nada, ni hay intención ni nada, que solo fueron palabras expresadas en orden de aparición.

Ccy.

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